¿Te has puesto a pensar en...?


El caos del acceso a la información.

¿Hasta qué nivel es criteriosa “la libertad de expresión”?

La velocidad con que se transmite la información en estos tiempos, ya está de más decir que casi no existe. No existe tal velocidad, existe la inmediatez, el instante, el flash. No sé cómo explicarlo, pero, es tan rápida aquella transmisión, que no alcanza a ser ni siquiera un viaje de segundos considerando que se distribuye a nivel planetario, lejano a lo que se pudo pensar hace 30 años atrás. Esto no es casualidad si se piensa que la tecnología hace cada vez más accesible instrumentos de información a las masas, desde una pantalla gigante en medio del Paseo Ahumada, hasta un celular con cámara, la cual graba videos y toma fotos a la vez. La generación de hoy en día, no es para nada neutral o pasiva en materias de opinión. Es la descendencia de un bombardeo constante de información. Niños que silban jingles publicitarios, jóvenes más comprometidos con su situación política, por lo menos en materia de derechos, sublimación de las minorías, tanto sexuales como étnicas, mayor denuncia y compromiso con la búsqueda de una propia identidad. Hijos de la tecnología, la comodidad y la rapidez que esta trae. Por otra parte, acostumbrados a tanta inmediatez, se aceleró el ritmo de vida, haciendo de esta generación, la más hiperquinética, la menos tolerante a la espera y a la demora, y a la creación de conceptos como el stress o las crisis de ansiedad. Sin desviar el tema de la comunicación, cabe mencionar que esto es sólo una parte de la nueva era de las comunicaciones, algo así como los efectos secundarios.

El solo hecho de que las herramientas de difusión estén en manos de personas comunes y corrientes (tales como el celular, el notebook, myspace, blog…etc), hacen que el trabajo de transmitir e informar lo que ocurre, no esté en manos de algunos, que en este caso serían los periodistas. La transformación del espectro pasivo y receptor de la información, a uno más activo y emisor de los acontecimientos, hace que surja una nueva concepción en materia de medios. El sólo hecho de que la persona común llegue a presenciar un acto, grabarlo en su celular, subir el video a youtube, postearlo en su blog y adjuntar su opinión, para luego dejar abierto el foro a que los demás discutan del tema, es algo fuera de todo control, fuera de toda evasión, fuera de todas ganas de estar fuera. Va más allá de la capacidad de esconderse, donde estés, habrá alguien informándote de algo. Donde estés, estarás aprendiendo, escuchando, recibiendo y analizando información. Pero, si al mismo tiempo, la información llega a todas partes, y los seres humanos se transforman en los emisores de dicho contenido, aparece también el riesgo acerca de qué es publicable y qué no lo es. Dentro de la fauna desquiciada y surrealista de la mente humana, en la última década, gracias al Internet, han aparecido espacios donde se hace culto al material Gore, como a la pornografía infantil, delitos de suplantación de identidad y robo de datos importantes, como lo hace el hackeo. La transacción fulminante de cosas vía Internet, no es sólo algo beneficioso para la gente, es también una pandemia que debe controlarse.

El poder de la comunicación en manos de un desequilibrado mental, es como una pistola en las manos de un niño, o un mono con navaja. Un cantante con fama mundial que insita a los actos suicidas, perfectamente puede provocar (y han provocado) las diversas matanzas en escuelas de los Estados Unidos, o suicidios colectivos en el grupo adolescente. Las nuevas comunicaciones, hacen también que los grupos extremistas puedan trasferir de manera más eficiente sus mensajes de terror y de amenaza. Ellos ven la tecnología como un puente a la satisfacción de sus deseos de ambición y poder. Por lo tanto, la nueva era que se está viviendo no es algo simple, no es algo fácil de manejar. Requiere de mentes y personas formadas en las bases de una correcta comunicación humana. De gente que sepa qué es y qué no es dañino para cierto grupo de personas. Qué es apto para mostrar y qué no. Dentro de toda esta libertad de expresión, de esta casi utópica democracia cibernética y digital que se ha creado en torno a la transacción de información, se requiere de una voz que mute a quienes no están haciendo cosas productivas por la humanidad. Que violente esta ramera libertad de expresión, que ya no es expresión, si no que trasgresión de cualquier derecho a elegir lo que se ve, lo que se oye o lo que se lee. Y aquella tarea, está en los nuevos periodistas, que tomen las riendas del asunto y ordenen un poco el caos de datos, fotos, imágenes, fechas, información que ha quedado. Dentro de esta libertad caótica, está el claro ejemplo de Wikipedia, donde cualquiera puede subir una información errónea, que pasa por verídica, hasta el punto de crear confusión y no saber qué es cierto qué no lo es.

El reporteo puede que no llegue a existir en un tiempo futuro, bastará con presionar un botón y poder acceder al lugar preciso en el momento exacto, sin tener a un mediador entre la sociedad y el acontecimiento. Pero lo que siempre se necesitará, será aquel filtro que sepa de buena manera qué es lo que realmente sirve, sin que dañe cierto orden. Nadie habla de una censura punitiva de la información o de quien la envía, tan sólo es una forma de encaminar los flujos del material que la misma gente, en su papel de reportero presencial, capte y quiera transmitir.

1 comentarios:

Scarecrow dijo...

Hola niño transantiago que me dice..."para que te voy a mentir" ¬¬
jajaja

habla la que se cree sushi en cierto juego del gran vicio!